Nuestros hijos son mejores que los de tus padres


Solemos centralizar la atención sobre nuestros hijos en lo negativo, pero nos cuesta más ver lo positivo, será porque damos por hecho lo que determinamos que está bien y magnificamos lo que está mal, pero lo cierto es que los adolescentes de hoy en día, mejoran en muchas cosas a los adolescentes de la época de sus padres.

Lo mejor de los adolescentes de hoy

Estudios recientes han demostrado que los jóvenes de hoy son más prudentes en muchos aspectos de sus vidas, tienen más cuidado con el sexo, por lo que hay menos embarazos no deseados, son más prudentes con las drogas, mueren menos en carretera y han conseguido reducir el fracaso escolar, además de esto, también llegan a casa antes cuando salen de fiesta, normalmente a las 3 de la mañana ya están en casa.

En general consumen más cultura, van más a museos, a las bibliotecas y amplian sus conocimiento con internet. Por si esto fuera poco, nuestros adolescentes también se caracterizan porque leen más, hacen más deporte y también tienen más compromiso con actos benéficos. Son más optimistas con respecto al futuro, normalmente creen que lo mejor está por llegar.

Lo peor de los adolescentes de hoy

No todo son cosas buenas, los adolescentes también se enfrentan a otras situaciones negativas, sufren muchas adicciones a las nuevas tecnologías, son dependientes de ellas, caen en depresiones más fácilmente, sufren más bullying.

La sobreprotección de los padres

Se observa en la época actual que los adolescentes y los niños viven mucho más protegidos por sus padres que los adolescentes y niños de generaciones anteriores, se teme por tanto que en el futuro, las generaciones actuales sean menos capaces de enfrentarse al mundo real cuando no cuenten con las sobreprotección de los padres, por lo que se estima que se independizarán más tarde, que se agobiarán más en los trabajos que tengan, que cambiarán de trabajo habitualmente y que en ciertas ocasiones tendrán dificultades para tomar decisiones importantes.

Normalmente los prejuicios nos ciegan, pero las cifras están ahí. Quizá deberíamos observar más y con una perspectiva más amplia sobre nuestros hijos.

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