Un niño rompe algo, lo niega, y en casa, la reacción más común es enfadarse, etiquetarle de mentiroso o castigar para que no se repita. Los especialistas en psicología infantil piden mirar más allá, porque detrás de una mentira infantil casi siempre hay una razón: una necesidad no expresada, una emoción difícil o un intento de protegerse. Entenderla es el primer paso para acompañar con firmeza y empatía. Continuar leyendo









