Llega el primer día sin colegio, sin campamento y sin plan, y aparece la frase temida: me aburro. La reacción instintiva de muchos padres es incomodarse, sentirse culpables y salir corriendo a organizar algo, como si el aburrimiento de un hijo fuera un suspenso en crianza. Los expertos piden exactamente lo contrario: calma. El aburrimiento infantil no es una urgencia que resolver, sino una oportunidad disfrazada de queja. Continuar leyendo









