Cuando alguien menciona el déficit de atención, la imagen mental que aparece casi siempre es la misma: un niño que no para quieto, que interrumpe, que se levanta de la silla en clase. Esa estampa existe, pero deja fuera a una parte enorme de los afectados. Muchas personas con serios problemas para concentrarse no son hiperactivas en absoluto. Continuar leyendo









