Hay una escena que se repite en casi todas las familias con hijos adolescentes. El chaval quiere apuntarse a algo que le ilusiona, una prueba para la obra del instituto o un entrenamiento, pero su grupo de amigos tiene otros planes e insiste para que falte. En ese pequeño dilema cotidiano se concentra una de las grandes tensiones de la adolescencia: el deseo de pertenecer al grupo frente a la necesidad de decidir por uno mismo. Así funciona la presión de grupo. Continuar leyendo









