Cuando nuestro hijo viene al mundo, de repente, la Navidad recobra el sentido que había perdido tras los sinsabores de la vida. En estas fechas señaladas, las sillas vacías duelen más aún si cabe, las ausencias irreparables en la mesa merman notablemente nuestro espíritu Navideño, pero tras el nacimiento de un bebé, vuelve a apetecernos poner el árbol de Navidad y a ambientar y decorar la casa para estas fechas.
