En muchas casas con adolescentes, la discusión sobre el móvil ha dejado de ser algo puntual. El teléfono sobre la mesa durante la cena, las respuestas a medias, las notificaciones que interrumpen cualquier conversación, el sueño que se retrasa noche tras noche porque la desconexión no termina de llegar. No es exactamente un conflicto tecnológico. Es un problema de convivencia, y lleva años sin resolverse. Continuar leyendo









